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Arqueología del Beisbol Cubano

Por FÉLIX JULIO ALFONSO

  

Para Louis A. Pérez Jr.

 

No se, si como Vd. dice se jugó en Cuba el Base Ball en 1866 y 1868. Son esos unos años demasiado viejos para mí, que en ellos comenzaba a deletrear; solo recuerdo que en 1878, en un terreno allá por La Chorrera, los partidarios de mi enseña la roja, celebraban partidos en que las carreras se hacían a montones, a pesar de hacerse entonces los outs hasta de fair-bound.

Carta de Aurelio Miranda (Charivari)  a Raúl Diez Muro, octubre 10 de 1907.[1]

 

La arqueología, como se puede leer en cualquier diccionario especializado sobre el tema “…es el campo científico o del conocimiento que se ocupa del estudio de las sociedades y culturas del pasado, a partir de los restos de cultura material  y de los datos hallados en el contexto natural y sociocultural, mediante la exploración superficial del terreno y la excavación estratigráfica”.[2] En otro sentido, el filósofo francés Michel Foucault, a partir de su segunda obra titulada Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas (1966), estableció el análisis “arqueológico” de los saberes, con el objetivo de descubrir aquellas  prácticas discursivas que constituyen  la  expresión propia de una época y la manera en que el hombre ha sido explicitado a través del lenguaje de las ciencias humanas. 

En el presente texto, nos interesa conservar el espíritu de ambas tradiciones y establecer una discusión “arqueológica” acerca  de los orígenes del juego de pelota en Cuba, proceso que, como es conocido, se produce en el último tercio del siglo XIX. Haremos una búsqueda crítica en los textos más antiguos donde se tienen referencias sobre la introducción del béisbol en  la Mayor de las Antillas, y en este sentido se trata de una “excavación” letrada, y al propio tiempo inquiriremos en aquellas explicaciones contradictorias que han tratado de fundar un saber o discurso hegemónico sobre las primeras prácticas beisboleras en la Isla.  De algún modo ambas visiones pueden resultar complementarias, pues en el nivel actual de mi investigación es evidente el propósito de “excavar”, tanto en el sentido de obtener un registro confiable, como en el de hacer explícita la deconstrucción de un conjunto de estos discursos, a partir de sus debilidades e incongruencias.   Para ello debemos empezar por abordar las siguientes interrogantes:

1. ¿Quién o quiénes fueron los que introdujeron el béisbol en Cuba y cuando ocurrió este suceso?

 2. ¿Cuándo se efectuó el primer juego histórico de nuestra pelota? y

3. ¿Cuáles fueron los conjuntos que se enfrentaron en el desafío más antiguo conocido y cuál fue el carácter de este partido?

A quienes piensen que tales enigmas son relativamente fáciles de responder, les diremos que para la primera pregunta existen varias respuestas disponibles, tanto en la tradición oral como en los registros bibliográficos: un joven habanero que estudió en Norteamérica llamado Nemesio Guilló[3], jóvenes de Remedios[4] y Sagua la Grande[5],  y los tripulantes de un barco estadounidense anclado en el puerto de Matanzas.[6]

En lo relativo a la fecha en que esto ocurrió, se manejan indistintamente los siguientes períodos de la década de 1860: en 1864[7], en 1865[8] y en 1866.[9] Para la segunda incógnita tenemos los años de 1868, 1873 y1874[10]; mientras que para la tercera interrogante se ha dicho que tuvo lugar entre habaneros y marinos norteamericanos, entre jóvenes matanceros y marineros de idéntico origen, entre trabajadores del puerto de la Atenas de Cuba y tripulantes de un buque norteño[11], y finalmente entre habaneros y matanceros, añadiéndose además por algunos cronistas que dicho partido inaugural tuvo un carácter “formal”[12] u “oficial”.[13]

Quizás el único punto en que coinciden todas las interpretaciones es en adjudicar al terreno matancero del Palmar de (o del)  Junco[14] como el lugar donde primero se jugó béisbol en Cuba, pero aun este dato de aparente solidez carece de una total demostración. Dentro de esta maraña de confusiones  y medias verdades, ya va siendo hora de hallar o al menos proponer una solución a tales enigmas, adecuada a la verdad histórica y con un mínimo de verosimilitud y seriedad. Quiero decir con esto que es imposible sostener ya, como se puede leer en uno de los sitios Web[15] dedicados al béisbol cubano, que se suspendió el béisbol en Cuba por las autoridades coloniales en 1869, y que dicha prohibición duró hasta 1878, y apenas un par de párrafos más adelante olvidarse de esta aseveración y admitir que hubo un juego en 1874; o decir que los habaneros jugaron en Matanzas contra los tripulantes de un barco norteamericano y a renglón seguido admitir que fue el Palmar del Junco en 1874 el escenario del primer partido de béisbol cubano. Por el momento, y a riesgo de no poder responder con absoluta certeza a estas preguntas, expondré al lector mis propias dudas e incertidumbres sobre cada una de las versiones antes mencionadas, pues para hacerlo solo contamos con fragmentos, indicios,  sospechas, conjeturas…

Empecemos por una tradición muy extendida y repetida sin la menor cautela por generaciones de cronistas deportivos y la mayoría de los historiadores del béisbol. Este relato quiere que el primer juego de pelota fue el celebrado en el Palmar de Junco la tarde del domingo 27 de diciembre de 1874 entre un equipo llamado Habana y otro denominado Matanzas. Todavía se suele ver en numerosos órganos de prensa la conmemoración de la fecha como parte de los rituales de homenaje al nacimiento del “deporte nacional”.[16] Sin embargo ¿por qué ha sido este momento y no otro el seleccionado para celebrar el advenimiento de nuestro béisbol?, ¿Dónde aparece este suceso por primera vez?, ¿Quién lo menciona con intención de otorgarle la primogenitura? Todo apunta que quién primero puso a circular este día, concediéndole  algún grado de importancia, fue Wenceslao Gálvez y del Monte en la primera historia del béisbol cubano, publicada en La Habana en 1889.[17]

En esta curiosa y apresurada historia, su autor prescinde de cualquier explicación sobre cuando, como y donde se jugó béisbol por primera vez en la Isla. Es más, se diría que este es un dato superfluo, innecesario, como si el béisbol fuera algo natural, que siempre estuvo ahí, latente en el espíritu de los cubanos. De hecho, los tres primeros capítulos se dedican a oponer el béisbol como práctica higiénica y saludable frente a las corridas de toros, las peleas de gallos y los ejercicios con pesos, otorgándole un papel “regenerador” y “moral” sobre la juventud que se iniciaba en su conocimiento. Era un pasatiempo moderno y democrático, enfrentado a las diversiones bárbaras de los españoles. Solo le incomoda un poco a Gálvez la pasión excesiva de algunos fanáticos del nuevo sport, pero confía en su desaparición gracias a los efectos “civilizatorios” del propio béisbol. A continuación pasa a narrar sus recuerdos de infancia, cuando solía jugar en varios terrenos de extramuros, época en que “el juego fue siendo comprendido por el pueblo, (y) los niños abandonaron las bolas de cristal, papalotes y trompos, entregándose a los placeres del base ball, invadiendo los terrenos conocidos por Canteras de Medina, Placer de Peñalver, Melitón e infinidad de lugares donde las casas no se agrupan como en el campo de Marte…”.[18]

Teniendo en cuenta que Gálvez nació en 1867, y que sus primeros batazos los dio siendo niño ―en la primera mitad de la década de 1870―hay razones para pensar que si ya entonces el juego era tan popular entre los infantes, al punto incluso de ser perseguido por maestros y algunos celadores del orden público, debían existir jugadores adultos a quienes imitar y equipos en los que aspirar a competir más adelante. Lo más que podemos concluir del testimonio de Gálvez es eso: que existía ya desde inicios de la década de 1870 un “ambiente” beisbolero en la capital y también en Matanzas (un equipo infantil habanero se llamaba Matanzas, donde se inició como pitcher un hermano del famoso Carlos Maciá)[19] y esta atmósfera debía tener un fermento anterior, por lo menos desde la segunda mitad del decenio de 1860.

Pero volvamos a la fecha del 27 de diciembre de 1874. La entrada de este dato en la narración de Gálvez se debe a su interés en graficar con un ejemplo el capítulo dedicado a la “Prensa de Sport”, y dentro de ésta al género, muy moderno para la época, de “las crónicas de sport”. Es decir, no hay ninguna pretensión historicista en este suceso, sino el de confirmar la importancia de dichas crónicas para el periodismo deportivo de aquel momento. Dice Gálvez: “tengo presente, y esto corrobora lo que llevo dicho, El Artista, un periódico satírico-teatral que se publicó en La Habana en el 72. El número que ahora consulto está fechado en 31 de diciembre de 1874 y se ocupa del primer desafío de pelota celebrado en el “Palmar del Junco” (sic) en Matanzas entre el club del nombre de aquella ciudad y el Habana”.[20] Y a continuación transcribe la famosa crónica que tantos han copiado con posterioridad, muchas veces sin revelar la fuente, con el siguiente título: “Resultado de un desafío. Victoria del Habana B.B.C. Pormenores ofrecidos”. Lo firma “Henry”, que era el seudónimo que usaba Enrique Fontanills, un cronista deportivo y social “muy comedido y sintético, que piensa mucho lo que escribe”[21], según el juicio del propio Gálvez.

Ahora bien, ¿Qué tenemos de singular en este texto de Fontanills, más allá de la declaración de quien lo cita, de que se trata del primer juego celebrado en el terreno del barrio de Pueblo Nuevo, conocido por “Palmar del Junco”? Pues a nuestro juicio lo más relevante no radica en algunos pequeños cambios ortográficos― “Henry” escribe, a diferencia de Gálvez, “Palmar de Junco” sin el aristocratizante “del” e indistintamente escribe “Habana” y “Havana”―, ni en la reproducción de los box scores de ambos equipos―el Habana le dio una paliza al Matanzas de 51 corridas a nueve―  sino en que añade una información de enorme valor: “Es probable que dentro de dos meses se verifique en el Vedado, donde el Habana Club (sic) tiene su play ground, otro desafío entre los mismos Clubs”.[22]

Es decir, solo podemos inferir que este desafío entre amabas novenas fue el primero jugado (por ellas) en aquel terreno, pero no tenemos porqué dudar de que antes se hubiera hecho en otras glorietas, como la del club habanista, donde volverían a enfrentarse dentro de dos meses, en febrero de 1875, y quizás ya lo hubieran hecho antes, como demuestra la asiduidad y popularidad de estos duelos. Es todo lo que podemos conjeturar, y nada faculta a pensar que haya sido este el primero de todos los juegos de pelota celebrados en la Isla. Ni siquiera que fuera el primero en contar con una crónica de lo sucedido. Es tan solo la crónica más antigua que se conserva. Y aquel partido fue uno más, entre los que seguramente se disputaron antes y después,  con la suerte de que el periódico que lo reseñó fue usado como ejemplo en la primera historia del béisbol, donde no se cita ninguna otra descripción similar, por la que esta adquiere un relieve inusual dentro de la narración. Se torna hegemónica, sobre todo cuando esta tradición comienza a ser citada una y otra vez como fuente de autoridad por publicistas sin el menos asomo de crítica interna de los textos que copian.

Y digo esto de la crítica interna no por presunción metodológica, sino porque el texto de Gálvez es contradictorio en muchas de sus afirmaciones y está plagado de inexactitudes y afirmaciones vagas. Apenas unas páginas más adelante introduce una nueva información relacionada con los enfrentamientos entre equipos de la capital y de la “Atenas de Cuba”. En el capítulo titulado “Matanzas” asevera:

 

No puede hablarse de base-ball en Matanzas sin recordar a los Sres. Tolón, Hernández, Amieva, Delgado, que habiendo recibido educación en los Estados Unidos constituyeron la primera novena de Base ball en la ciudad de las cuevas de Bellamar y alumbrado público de petróleo.

Ellos mismos formaron su directiva y se organizaron, costeándose sus uniformes y habilitando para sus prácticas el Palmar de Junco, desprovisto de palmas.

Pero no tenían con quien combatir y se dirigieron al Sr. Ernesto Guillot, que en 1878 era secretario del Habana.

Un domingo [primero de abril] llegaron á esta capital y celebraron su primer encuentro con el Habana, a quien venció. Este desafío se efectuó de milagro, porque los habanistas no habían terminado las obras en sus terrenos”.[23]

 

De esta nueva información resulta lo siguiente. Entre los nombrados como introductores del béisbol en Matanzas (Tolón, Hernández, Amieva y Delgado), solo uno, el de apellido Delgado, estuvo presente en el juego del 27 de diciembre de 1874. Además, fueron tres los hermanos Amieva que jugaron pelota, ¿a cual de ellos  se refiere? Por otro lado se afirma que habilitaron el Palmar de Junco y al no tener contrincantes recurrieron a Ernesto Guilló, en el momento en que este era secretario del club Habana, o sea, en 1878, y que un domingo primero de abril de aquel año celebraron un “primer encuentro” con saldo victorioso para los matanceros. ¿Quiere esto decir que fue solo en 1878 que se vieron las caras por primera vez matancistas y habaneros? A la luz de lo que ya sabemos esta información es insostenible, como también lo es que no tuvieran con quien jugar,  pues en unos párrafos a continuación sostiene, refiriéndose ahora al club Cárdenas:

 

Afirman los naturales de Cárdenas que en aquella localidad se organizó un club de Base-Ball antes de que se formaran los de Habana y Matanzas. Las personas á quienes he pedido datos para escribir esta obra, me aseguran, unas, que el primer ten se constituyó en Matanzas, otras, que en La Habana, y algunas, como he dicho en los primeros renglones de este capítulo, en Cárdenas.

Quizás sea muy importante dejar consignada aquí la verdad, pero creo que se constituyeron casi en la misma época en las tres ciudades, y de ésta manera dejo contentos a todos y a ninguno. [24]

 

Antes había dicho “hoy tengo por seguro que al “Habana” le corresponde el primer puesto cronológico”[25], pero parece que contradecirse forma parte del “estilo”de  Gálvez. Dejemos a un lado la trivial disputa regionalista sobre quién fue primero, y atengámonos a que fueron equipos contemporáneos, sin que sepamos bien cuando empezó cada uno de ellos, pero lo cierto es que Cárdenas está demasiado cerca de Matanzas como para que no se hubieran enfrentado alguna vez, aun más si como reconoce el propio autor , era notoria la rivalidad entre ambas ciudades, al extremo de afirmar que Cárdenas “No se ha presentado en champion con la intención de obtener el título y el obsequio de anexo, sino con la de aventajar a los clubs matanceros”.[26]

Ahora, antes de abandonar al impreciso Gálvez y analizar otra de las explicaciones más extendidas sobre donde se jugó pelota por primera vez, la que sostiene que fue en Matanzas a mediados de 1860, digamos algo más sobre el juego del 27 de diciembre de 1874. Wenceslao indica que tomó la crónica de El Artista con fecha 31 de diciembre, pero no dice ―o ignora―que una descripción muy similar ya había sido publicada, como era natural por su cercanía al lugar de los hechos, por el periódico matancero Aurora del Yumurí con fecha 28 de diciembre de 1874.

Esta crónica de Matanzas difiere en algunos aspectos de la publicada en La Habana, incluyendo que no coloca los nombres, sino solo lo apellidos de los jugadores[27], tanto habanistas como matanceros, y contiene una introducción de tres párrafos que suprimió la versión de El Artista―pues se trata de una cita preliminar de él mismo―y otra posterior publicada en El Sport en febrero 10 de 1887.   El texto de  Aurora del Yumurí se titula simplemente “Juego de Pelota”, lo que sugiere que era algo común en la época y reza:

 

Ayer tuvo efecto en esta ciudad, punto conocido por Palmar de Junco, un desafío de pelota entre el Matanzas Base Ball Club y el Havana Base Ball Club.

La primera noticia que de ellos tuvimos fue la llegada a esta ciudad de los individuos del Club habanero y el siguiente suelto del periódico EL ARTISTA  que se publica en La Habana y que uno de dichos señores nos proporcionó:

 

Desafío

 

El club formado en esta ciudad y que sostienen varios jóvenes entusiastas, titulado Havana Base Ball Club ha recibido un cartel de desafío del que existe hace varios años en Matanzas. Se trata de probar en competencia la destreza, la fuerza muscular y la lijereza de piernas de unos y otros. El premio no es una timbale d` argent, porque no se trata de un concurso de voces, el club vencedor recibe un bat, especie de paleta-bastón que sirve para la pelota y que se conserva en los clubs con orgullo.

El Havana Base Ball Club se ha apresurado a recoger el guante, y al efecto, ha designado como lugar de la contienda, una hermosa sabana, de la margen derecha del río San Juan, donde debe verificarse el domingo próximo el desafío entre ambos clubs.[28]

 

Si ya sabíamos que existía mucho antes de 1874 un club habanero, ahora este “suelto” nos confirma que también “desde hace varios años” (¿Cuántos: cinco, seis, siete?) existía uno similar en Matanzas. Ahora bien ¿fue en Matanzas, en algún momento de la década de 1860, donde se jugó béisbol por primera vez? De nuevo vuelven las incertidumbres, las frases vagas y las leyendas locales. Solo que en este caso la fuente es mucho más reciente: estamos hablando del folleto publicado por José M. Cuétara Vila titulado Matanzas. Notas históricas y el deporte de la pelota. Este autor supone que, a partir del incremento de las relaciones económicas, comerciales y culturales entre Los Estados Unidos y Matanzas en la segunda mitad del siglo XIX, fue por dicha ciudad donde se produjo la entrada del béisbol a Cuba. Según Cuétara:

 

Estos datos permiten suponer lógicamente las vías a través de las cuales penetró en Matanzas el juego de pelota. Aunque hasta ahora no ha sido posible determinar con precisión la fecha inicial de sus prácticas en nuestra ciudad, si podemos afirmar que es muy antigua. En un documento existente en el Fondo de Deportes del Archivo Histórico Provincial de Matanzas, fechado en 1847, se ordenaba la prohibición del juego de pelota en las calles y demás puntos de tránsito público, bajo pretexto de perderla, ya que el mismo practicado indiscriminadamente por adultos, provocaba daños en las farolas del alumbrado público. También se obligaba a los culpables a pagar el monto de las averías causadas. Dicha orden estaba firmada por el Brigadier Gobernador Político de Matanzas, lo cual da una idea de la importancia y auge que ya entonces había tomado este juego.[29]

 

Varios aspectos llaman la atención en el fragmento anterior. En principio, intercambios comerciales y culturales activos con puertos estadounidenses tuvieron diversas ciudades cubanas durante el siglo XIX, incluyendo a La Habana, por supuesto, sin que por ello se pueda afirmar categóricamente que fue esa la causa de la introducción del béisbol. Por otro lado se reconoce que “hasta ahora no ha sido posible determinar con precisión la fecha inicial de sus prácticas en nuestra ciudad”, y sin embargo, añade “podemos afirmar que es muy antigua”. ¿Cuán antigua? El dato de 1847 es a todas luces un candoroso anacronismo, pues la “pelota” a que se alude, sin citar el documento con rigor científico, para nada prueba que se tratara del béisbol, que empezaba a desarrollarse entonces en su lugar de origen.

Pero el texto de Cuétara depara otras afirmaciones desconcertantes. Sorpresivamente, y sin ofrecer mayores explicaciones, señala que: “Alrededor del año 1865 se efectuó en este terreno [el del Palmar de Junco] uno de los primeros juegos de pelota de que se tienen referencias, entre un equipo de jóvenes matanceros y otro formado por tripulantes de un barco norteamericano anclado en la bahía yumurina”[30]Nótese que la afirmación dice “uno de los primeros juegos de pelota de que se tienen referencias…”no el primer juego, lo que implica que pudieron celebraron otros antes. ¿Por qué insistir entonces en que fue este un juego anterior a todos los demás? Otras incógnitas tienen que ver con la identidad de los jugadores, pues nadie los menciona por su nombre, aunque debieron ser muy conocidos en la villa, como tampoco se dice nada del nombre del barco surto en la rada. Cuétara dice simplemente “jóvenes matanceros”, lo que sugiere que se trataba de muchachos blancos de familias acomodadas, quienes al igual que en  La Habana disponían del tiempo libre y el capital cultural necesario―recuérdese que algunos de ellos habían estudiado en los Estados Unidos―  para haber aprendido el joven deporte. Si esto es así, nada tenían que ver con los trabajadores portuarios que, según otra versión,  dice que aprendieron el juego mientras cargaban de azúcar un buque norteño.[31] Es verdaderamente difícil imaginarse a negros esclavos o libertos practicando pelota mientras descansaban de cargar sacos de azúcar, y mucho más imaginar a la tripulación del barco enseñándoles los principios de la pelota y luego compartiendo con ellos.

A continuación este autor apoya su tesis sobre la antigüedad de las prácticas beisboleras en Matanzas, apuntando como las gacetillas que solían aparecer en el periódico matancero Aurora del Yumurí “entre 1850 y 1870” se hacían eco de los partidos celebrados en el Palmar de Junco “refiriéndose al bullicio y vocerío que se originaba por la exaltación de los aficionados allí congregados, provocando alteraciones del orden público que obligaron aquejarse a los vecinos de las inmediaciones”.[32]

No me detengo en esta recurrente indeterminación de fechas (1850 a 1870 es un periodo demasiado largo), para comentar el dato quizás más importante del folleto de Cuétara, que sin embargo ha pasado desapercibido para la gran mayoría de los historiadores del béisbol cubano. La afirmación en cuestión aporta una supuesta evidencia de un juego entre matanceros y habaneros,  anterior a la del 27 de diciembre de 1874:

 

La referencia más antigua encontrada hasta el presente de un juego entre un equipo matancero contra uno de la capital, se remonta al 5 de mayo de 1873, y pertenece al Fondo de Deportes del Archivo Histórico de Matanzas. Dicho documento, firmado por Enrique Meléndez Mouns, el cual durante cerca de un cuarto de siglo estuvo íntimamente vinculado a la práctica de este deporte, siendo uno de los pioneros del mismo en Matanzas, expresa en una de sus partes:«Y comoquiera que estos clubes se hallan legalmente constituidos, y para efectuar su espectáculo paga a este gobierno la contribución estipulada en la tarifa patente celebrándolos con permiso de la autoridad, ocurre a Ud., con el fin de que se sirva impedir los días que este club tenga espectáculos , se llevaren a efecto otros de la misma índole en los solares cercanos a este barrio, por ser perjudiciales a los intereses de este club».[33]

 

Enrique Meléndez Mouns fue un destacado promotor del béisbol e incluso dirigió a dúo con Luis Almoina el club Matanzas que ganó el campeonato de 1892-93, por lo que su testimonio merece lo tomemos en consideración. Personalmente, todavía no hemos visitado el archivo matancero para indagar por este documento, pero nos llama la atención que el texto de Cuétara se editó en 1973, un año antes de la conmemoración del centenario del juego de diciembre de 1874, y sin embargo sus afirmaciones no encontraron eco ni polémica en la prensa deportiva, como era de esperar, y la fecha tradicional siguió conservando su primogenitura, a despecho de lo señalado por el activista matancero. [34]

Por último, queremos citar un argumento bastante conocido, aunque  relativamente olvidado por algunos historiadores del béisbol cubano. Nos referimos a la entrevista concedida en 1924 por Nemesio Guilló a Guillermo Pi, redactor del Diario de La Marina. Nemesio Guilló es una figura célebre de la pelota cubana, beisbolista primero[35] , miembro de la Directiva del club Habana  al igual que su hermano Ernesto (en 1887 era su secretario)[36], luego trabajó como tenedor de libros y fue exaltado al salón de la fama del béisbol criollo en 1948. La narración de Guilló tuvo su origen en una discusión sobre los orígenes de la pelota cubana, promovida por la sección “Recordando el pasado” de las páginas deportivas del referido diario, y su “traducción” periodística expresaba lo siguiente:

 

En los comienzos del año 1858 tres niños cubanos abandonaban los patrios lares y en frágil embarcación de vela ―las movidas a vapor eran entonces muy raras―se dirigían aun puerto al sur de los Estados Unidos situado sobre el Golfo de México, a Mobila, estado de Alabama. Esos niños, cuyas edades fluctuaban entre 11 y 15 años iban a internarse en un gran plantel educacional, en el Springhill College, a un tiro de ballesta de Mobila, mandados por sus padres, personas de solvencia económica en la ciudad de La Habana. Esos muchachos eran los hermanos Ernesto y Nemesio Guilló y el hoy Secretario de Sanidad Dr. Enrique Porto. Del viaje y estancia de esos niños en el colegio de Mobila había de resultar a los pocos anos uno de los mayores acontecimientos, o el mayor acontecimiento histórico que registra en Cuba el sport.

En 1864, siete años después, una espléndida nave mercante devolvería a Cuba sus tres chiquillos, ya convertidos en apuestos mocetones; pisando fuerte, con el cuello recio, amplio el pecho, atlético el continente y dispuestos a sostener en cualquier forma el derecho del hombre, tan desconocido en la colonia de aquellos días. Uno de los tres mozalbetes traía en su baúl de colegial un bate y una pelota, objetos completamente desconocidos en Cuba y poco conocidos en los propios Estados Unidos, donde el balltown, que después había de llamarse béisbol, estaba en sus rudimentos. El que traía los preciosos adminículos era Nemesio, el de menos edad de los dos hermanos Guilló. Al siguiente día de haber pasado por La Machina el bate y la pelota, ya estaban los tres muchachos jugando en el Vedado frente a los baños de mar del Dr. Luis Miguel. Lo único que hacían era fonguear; tres pelotas cogidas de aire o al primer bote eran tres outs y daba derecho a su vez para hacer uso de el (sic) bate.[37]

 

Si damos crédito a esta parte del  relato―y hasta el momento nada parece desautorizarlo, con la excepción de los testimonios de juegos con pelotas en ese propio año 1864 en Remedios y Sagua la Grande― tenemos un primer elemento de juicio: nadie antes de los hermanos Guilló había traído auténticos implementos de béisbol a la Isla, por lo que es imposible hablar de dicho juego antes de 1864. Por otro lado, estos dos hermanos y su amigo Porto, por razones obvias, no podían conformar un equipo y al no tener rivales, se dedicaron a fonguear pelotas entre ellos hasta que se le unieron nuevos aprendices del juego. Dentro de esta lógica, prosigue el testimonio de Guilló:

 

En ese lugar frente a los baños en el Vedado, y en otros espacios apropiados de la misma barriada, por donde se encuentra la iglesia del Carmelo y lo que después se llamó terreno del club Habana, comenzaron a formarse grupos de muchachos que jugaban a la pelota en la forma ya descrita, por cierto que costaba enorme trabajo proporcionarse pelotas y bates, las que eran de dos colores, blanco y rojo, pero del mismo peso y material hoy en uso. El uniforme de los jugadores consistía de camisa blanca, pantalón de dril blanco, largo, botines negros, una corbata que era azul o roja, de acuerdo con el color del club, y en lugar de gorra sombrero de pajilla. Con esa indumentaria se pasaron fongueando cuatro años hasta que de los Estados Unidos vino la nueva forma y métodos de juego integrado por diez jugadores, los nueve de la manera que ahora se hallan distribuidos más el right short, un jugador que se situaba entre primera y segunda.[38]

 

Aquí tenemos varias cosas interesante: a) el lugar donde se efectuaban las prácticas; b) que hay grupos de jóvenes que solían hacer demostraciones; c) lo difícil que resultaba encontrar los implementos de juego, lo que reafirma el carácter primitivo de estos encuentros y d) la descripción de las vestimentas de los jugadores. También es relevante el dato de que se mantuvieron durante cuatro años practicando el town ball o fongueo, hasta que alguien (¿quién?) trajo desde los Estados Unidos el esquema de juego con diez jugadores (el número de jugadores en el campo podía oscilar entre nueve y diez, y todo parece indicar que no había todavía en estos primeros años una reglamentación estricta al respecto). Siguiendo la cronología propuesta por Guilló, esto debió suceder hacia 1868, y en esa propia fecha quedó organizado el primer equipo con una decena de integrantes, al que se bautizó como Habana. Otra versión nos dice que el Habana fue una sociedad integrada por dos teams de diez jugadores cada uno, los cuales, según narra Enrique Morejón, ex director de El Pitcher “practicaron e hicieron viable, por medio de matches periódicamente celebrados, la adaptación entre nosotros del Base ball o juego de pelota americana”.[39] Nótese que dice “matches periódicamente celebrados”, lo que da una idea de asiduidad y continuidad en las prácticas. Volviendo a la evocación de Nemesio: “fueron veinticinco cubanos entusiastas, todos ellos muchachos que regresaban de los colegios americanos, los que fundaron el glorioso team rojo (…) entre ellos que recuerda   Nemesio Guilló, que es quien  me facilita estos datos (…) se encontraban Leopoldo de Sola, Ernesto Guilló, Alfredo Maruri, Enrique Canal, Emilio Sabourín, Ricardo Mora, Esteban Bellán, Francisco Saavedra, Rafael Saavedra, Roberto Lawton, Octavio Hernández, Manuel Lorenzo Bridat, Lavotal, Bulnes, Nemesio Guilló”.[40]

Son en total quince los nombres mencionados por el testimoniante, de los 25 que según él fundaron el club Habana, pero hay que tener en cuenta que Guilló habla de sucesos ocurridos 56 años atrás, y que su edad en el momento de la entrevista rebasaba las siete décadas (tenía exactamente 76 años), es decir, era una persona longeva para la época, que podía cometer errores u olvidos comprensibles en su narración. De hecho, además de Nemesio solo sobrevivían en el momento de la entrevista otros tres fundadores: Lorenzo Bridat, de 84 años, Octavio Hernández, de 80 y el que fuera benjamín del grupo, Manuel Landa, con 64. Un periodista inteligente hubiera cuando menos obtenido otras entrevistas y cruzado el resultado de sus búsquedas. Guillermo Pi no lo hizo.  Sin embargo, todavía hay otros detalles del mayor interés en esta tradición, y es que Nemesio Guilló ofrece una versión diferente a las que hemos citado hasta el momento, sobre el polémico asunto de quienes y donde jugaron béisbol por primera vez en la Isla:

 

Una vez ya organizado el Habana con sus diez jugadores y usando pantalones largos y sombreros de pajilla diose el primer combate, y fue nada menos que contra americanos que no había importado seguramente Abel Linares ni ningún otro promotor del baseball profesional. Los yanquis que combatieron por primera vez en Cuba en un team de base ball fueron marineros de una goleta surta en la bahía de Matanzas, que enterados de que los claveles rojos estaban hombreándose en la Capital y buscando contrarios, les mandaron a decir que fueran a batirse a Matanzas, cosa que aceptaron los criollos y allá fueron a Palmar de Junco, parque de base ball el más viejo de toda la República, el que vió el primer juego de pelota. Los cubanos del Habana dieron una soberana paliza a los marineros americanos y regresaron a la capital orgullosos de su hazaña, cundiendo con ello el entusiasmo para mayores empresas beisboleras.[41]

 

           Un par de detalles más antes de analizar este párrafo, en que parece haberse cerrado el círculo de todas las versiones, con el regreso a Matanzas y al mítico Palmar de Junco. Según Nemesio Guilló, el umpire de aquel juego entre cubanos y estadounidenses fue el habanista Leopoldo de Sola y un poco después, en 1869: “fue suprimido el baseball por decreto del gobernador y capitán general de la Isla, por estimarlo un juego antiespañol, insurrecto, que como asunto tendencioso yanqui venía a sembrar el desamor a España. Estuvo oscurecido el sport que desde que se importó fue  nuestro sport nacional, hasta el año 1878, en que se reorganizaron el Habana y el Almendares y en Marianao surgieron los clubes Marianao y Progreso”.[42]

        Aunque es un hecho comprobado, tanto en la literatura como en la prensa periódica, la suspicacia de las autoridades coloniales con relación al béisbol, por su procedencia y características peculiares[43],  hasta el presente no hemos hallado pruebas documentales de la suspensión o persecución del béisbol de manera oficial[44], pero no es del todo improbable esta suposición, tratándose de los primeros momentos de la Guerra Grande y que se vivía un ambiente de histeria anticubana, sobre todo en la ciudad de La Habana. Sin embargo, dicha supresión, si existió en algún momento no fue muy prolongada, de lo que da fe el propio juego de 1874.

Pero atengámonos  ahora al dato del juego entre cubanos y estadounidenses. Por la información que aporta Guilló, todo hace suponer que se realizó en 1868, tres o dos años después de las fechas que se mencionan para un juego similar, como ya hemos visto, solo que en vez de ser habaneros los protagonistas, aquellos eran matanceros, jóvenes de familias acomodas o trabajadores del puerto, según la versión que prefiramos. De estos partidos de 1865 o 1866 no sabemos el resultado, sin embargo, del narrado por Guilló este dice que se trató de una “paliza”, similar a la conseguida por el club Habana sobre los matanceros en 1874. Ante semejantes afirmaciones, siento la tentación de interrogarme ¿no habrá confundido el senil Guilló dos historias diferentes mezclándolas en un nuevo relato, quizás con el propósito de arrebatar a los matanceros su pregonada prioridad en este sentido? Y si en realidad se efectuó este desafío ¿eran tan buenos jugadores los cubanos para lograr un resultado de esta índole? ¿no se trataría de una exageración de Nemesio cargada de nacionalismo, en la que al tiempo que glorifica a su club deja establecida la primera derrota de un equipo norteño frente a uno cubano, lo que como es sabido es uno de los ingredientes más caros al imaginario nacionalista?

            Por otro lado, se mantiene constante el lugar, el Palmar de Junco, del que se afirma que es “el más viejo de la República (es decir de Cuba, aunque entonces fuera colonia) el que vió el primer juego de pelota”. Hay aquí algo que no concuerda, ¿podían contar los matanceros con un parque de béisbol, con las medidas oficiales y todas las condiciones para un desafío, y no tener un equipo de pelota? Si había tal equipo, ¿por qué fueron a retar a un club habanero los marineros estadounidenses? Por otro lado, para tener un conjunto y una glorieta como la del barrio de Pueblo Nuevo, los matanceros debían conocer los rudimentos del béisbol desde antes, como dice el suelto que cita Meléndez Mouns, y entonces este desarrollo habría sido simultáneo al de los muchachos habaneros, sea ball town o cualquier otra modalidad la practicada. Lo que a su vez implica que tenían implementos con que jugar, es decir bates y pelotas, que ya sabemos eran difíciles de conseguir en la capital, pero que alguien pudo traer desde el norte y entrar por el puerto de Matanzas. De hecho, se sabe que uno de los grandes peloteros matanceros de la época, Francisco Martin y del Sol[45], estuvo casi una década, entre 1870 y 1879, jugando en equipos colegiales estadounidenses (Alexander BBC, Québec BBC, etc.) y no es imposible que en sus viajes de vacaciones a su ciudad natal haya traído implementos y enseñado a jugar béisbol a sus coterráneos.  Finalmente, debemos recordar que cuatro de los apellidos de los jugadores del club Matanzas que cayeron ante el Habana en 1874 eran explícitamente anglosajones: Rylend, Washington, Frank y Paine, por lo que también pudieron ser ellos pioneros de nuestro béisbol

Llegados a este punto, una vez más la verdad histórica se nos escapa de las manos, y es imposible responder de una manera categórica. Nuevas dudas, renovadas sospechas se unen a las ya existentes, agazapadas en textos fragmentarios, recuerdos brumosos, afirmaciones contradictorias. Al final, saber quién introdujo las prácticas beisboleras, dónde, cuándo y quiénes realmente jugaron béisbol por primera vez en Cuba, quizás no pase de ser una curiosidad erudita o una obsesión personal sin mayor utilidad práctica. Definitivamente siguen circulando todo tipo de argumentos, sin la imprescindible demostración factual o documental, y muchos ingenuos e  incautos caen en la trampa de dar por resuelto el enigma del elusivo origen. Mientras tanto, el Palmar de Junco languidece, a pesar de las invocaciones y los homenajes, como amarga ironía del destino, que no suele creer  en invenciones ni en alegorías.

 

La Habana, enero/febrero/marzo de 2005

NOTAS


[1] Esta carta apareció originalmente en el libro de Raúl Diez Muro Barbosa: El béisbol en La Habana, Matanzas y Cárdenas. Resumen de los campeonatos celebrados por nuestros clubs de profesionales desde 1878 a 1907. Pról. del señor Rafael Conte. La Habana, Imprenta La Prueba, 1907. Aurelio Miranda (Charivari) fue fundador del primer periódico deportivo cubano: El Base Ball, y participó además en otras empresas de este carácter, como El Sportman Habanero (con Ignacio Sarachaga y Julián Silveira) y El Habanista (con Arturo Mora y Felipe González Sarraín). También fue redactor administrador de La Habana Elegante, junto a Enrique Hernández Miyares, Aniceto Valdivia, Manuel de la Cruz, Enrique Fontanills e Ignacio Sarachaga.

[2] “Arqueología”, en: José Alsina Franch (Coord.), Diccionario de arqueología, Madrid, Alianza Editorial, 1998, p. 75.

[3] Guillermo Pi: “Nemesio Guilló fue quien trajo a Cuba el primer bate y la primera pelota”, Diario de la Marina, La Habana, 6 de enero de 1924, Sección de Sports.

[4] “! Cuidado! En ciertas calles de esta población se ocupan algunos zangaletones en jugar a la pelota con perjuicio de las narices de los pacientes transeúntes; ayer nada menos, venía por la calle de Jesús Nazareno y al llegar a cierta esquina…plum, un pelotazo hizo salir de quicio sus espejuelos, dejándole privado (…) de ver a su agresor por algunos momentos”. Ramón Rodríguez, “Mesa revuelta”, La atalaya, Remedios, 8 de abril de 1864, p. 2.

[5] “La primera población que en la Isla implantó el sport americano fue Sagua; allá por el año de 1864, según me han informado vecinos respetables y antiguos de esta localidad”. A. Rosales Águila, “El Base ball en Sagua la Grande desde 1864 hasta 1907”, en Ramón S. Mendoza, José María Herrero y Manuel F. Calcines,  El Base Ball en Cuba y América, Habana, Imprenta Comas y López, 1908, p. 147.

[6] “Popularizado el béisbol en Estados Unidos a partir de 1845 (…) el apasionante deporte de las bolas y los strikes rebasa pronto las fronteras de Norteamérica. Sus marinos se convirtieron en principales difusores del nuevo pasatiempo que surge con pasión arrolladora, introduciéndolo en las tierras de los países vecinos, Cuba el primero de ellos”. Elio Menéndez: “Cuba, segunda patria del béisbol”, http://www.nnc.cubaweb.cu/deportes.

[7] Este es el año que señalan Guilló y las tradiciones de Remedios y  Sagua La Grande.

[8] “Sin entrar en datos precisos o en una pormenorizada versión, los más antiguos historiadores deportivos cubanos sitúan la llegada del béisbol a nuestra tierra entre los años 1865 y 1866.”. Edel Casas, Jorge Alfonso y Alberto Pestana: Viva y en juego. La Habana, Editorial Científico – Técnica, 1988, p. 6.

[9] “Las primeras noticias del béisbol  se tienen en Cuba allá por el año 1866”. Eladio Secades: “Primeras noticias del Base Ball”, Diario de la Marina. Edición  Siglo y Cuarto, La Habana,  1957, p. 202. Francisco Mota: “Aquí… y por primera vez. El Base Ball se empezó a jugar en nuestro país el año 1866”, Bohemia, La Habana, 29 de abril de 1966, pp. 106 -107.

[10] “La fecha de este encuentro entre habaneros y  matanceros, el 27 de diciembre [de 1874] aparece recogida en la historia como la que marca el inicio del juego de béisbol en Cuba”. Edel Casas, Jorge Alfonso y Alberto Pestana: Viva y en juego…op. cit.

[11] “Cuentan viejas publicaciones de principios de siglo, que fueron los trabajadores portuarios de la ciudad de Matanzas, los pioneros en la práctica del singular pasatiempo originario de Estados Unidos”. Ibidem.

[12] “Lo que no cabe duda es que el primer juego formal entre dos equipos rivales se celebró el domingo 27 de diciembre de 1874 en los terrenos del Palmar del Junco en Matanzas”, Véase: “¿Cuál fue el inicio del béisbol en Cuba?”, Carteles, año 36, no. 48, 27 de noviembre de 1955, p. 87.

[13] Reynaldo A. González Villalonga: Centenario del Palmar del Junco. Primer partido oficial de béisbol. Matanzas, 1999.

[14] Sobre el cambio de partícula en el nombre de este lugar, que no es un mero cambio ortográfico, ha señalado el crítico Roberto González Echevarria: “El terreno se llamaba Palmar de Junco, es decir, que el terreno pertenecía a un tal Junco (…) Pero como “del Junco”es más evocativo, el famoso terreno se ha conocido siempre por “Palmar del Junco”. Dado que en la emblemática nacional la palma real es un elemento fundamental, es fácil ver porqué el nombre del terreno está lleno de resonancias patrióticas”. Roberto González Echevarria: “Literatura, baile y béisbol en el (último) fin de siglo cubano”, Encuentro de la cultura cubana, Madrid, 8/9, primavera/verano de 1998, p.30.

[15] Me refiero a http://www.beisboldecuba.com/. Ver allí el  texto “Historia del Béisbol en Cuba”.

[16] Un buen ejemplo en Jorge Alfonso: “Palmar de Junco, 130 años. La historia del máximo pasatiempo comenzó en la provincia de Matanzas”, Bohemia, La Habana, 24 de diciembre de 2004, pp. 52-56. Una Hoja Filatélica alegórica a esta celebración refleja en su diseño la puerta de entrada al Palmar de Junco y las imágenes de Emilio Sabourín, José Méndez, Armando Marsans, Adolfo Luque, Martín Dihígo, Conrado Marrero, Santiago Mederos y José Antonio Huelga.

[17] Wenceslao Gálvez y Delmonte: El Base Ball en Cuba. Historia del Base Ball en la Isla de Cuba, sin retratos de los principales jugadores y personas más caracterizadas en el juego citado, ni de ninguna otra. Habana, Imprenta Mercantil de los Herederos de Santiago S.  Spencer, 1889

[18] Idem, p. 20.

[19] Idem, p. 21.

[20] Idem, p. 38. No confundir este diario El Artista con otro de igual nombre que se publicó en La Habana entre 1848 y 1852, como órgano oficial del Liceo Artístico y Literario. No hemos encontrado ningún ejemplar de este periódico en las bibliotecas cubanas.

[21] Idem, p. 37. Con posterioridad, Enrique Fontanills se convirtió en el cronista social por excelencia de la alta burguesía cubana, y sus escritos aparecían con frecuencia en La Habana Elegante y El Fígaro.

[22] Idem, p. 40.

[23] Idem, p. 85.

[24] Idem, p. 88. Un poco después Gálvez habla de un club Cárdenas fundado el 9 de octubre de 1881 (p. 91), pero en opinión de Carlos Hellberg, en su Historia estadística de Cárdenas (1893): “Las ciudades de La Habana y Matanzas contaban con club de Base Ball, en donde tomaban parte entusiastas y distinguidos jóvenes de la sociedad en tan higiénico y entretenido juego de pelota. Cárdenas por su fama no debía quedar rezagada en la introducción de esta diversión, y al efecto en 8 de Noviembre de 1879 se formó mediante autorización superior el Cárdenas Base Ball Club bajo la directiva electa en el local bajo del teatro Concha, adonde concurrieron por invitación mas de 350 jóvenes de la ciudad”. Carlos Hellberg: Historia estadística de Cárdenas. Comité Pro-Calles de Cárdenas, 1957, p. 131.

[25] Idem, p. 65.

[26] Idem, p. 91.

[27] Hay diferencias en cuanto a los apellidos de los jugadores en ambos textos. En el artículo original el 7º y 8º bateadores de Matanzas se apellidan “Rylen” y “Arnao”, mientras que en la crónica de El Artista se nombran “Rylend” y “Armas”. En cuanto al Club Habana, el original llama al 2º y 8º bateadores “Senarens” y “Saburens”, y su copia los nombra  “Senaren” y “Sabourín”.

[28] Cito este texto, sin haber visto el original, por el trabajo inédito de Martín Socarrás Matos:”Notas para la historia del béisbol en Cuba”, a partir de la transcripción certificada que envió el periodista matancero Reynaldo González Villalonga a su padre, el también  historiador Rolando Socarrás Roget.

[29] José M. Cuétara Vila: Matanzas. Notas históricas y el deporte de la pelota. Matanzas, Comisión Provincial de Activistas de Historia, 1973, p. 18.

[30] Idem, p. 19.

[31] Versión que recoge Raúl Diez Muro en su El Base Ball en La Habana, Matanzas y Cárdenas. Resumen de los campeonatos celebrados por nuestros clubs de profesionales, desde 1878 hasta 1907. Prólogo de Rafael Conte. Habana, Imprenta La Prueba, 1907. (2da edición: 1908, 3era edición notablemente ampliada: Historia del Base Ball Profesional en Cuba. Libro Oficial de La Liga de Base Ball Profesional  Cubana. La Habana, 1949. Citado por Jorge Alfonso, op. cit, p. 53.

[32] José M. Cuétara Vila, op. cit., p. 19.

[33] Idem, p. 20

[34] Eddy Martin: “Cien años de vida del béisbol cubano”, Juventud Rebelde, La Habana, 22 de diciembre de 1974. También en esta fecha circuló un sello por valor de tres centavos con la leyenda “Centenario 1er Desafío Oficial” y el Circulo Filatélico de Matanzas realizó una cancelación especial, donde reproducía el box score del juego del 27 de diciembre de 1874, tomándolo del diario “La Aurora” (sic).

[35] Aunque jugó dos temporadas con el club Habana solo se conserva su actuación con el club Ultimátum en la temporada de 1882-1883, donde bateó para .250. Severo  Nieto y Gabino Delgado: Béisbol Cubano. Récords  y Estadísticas, 1878-1955. La Habana, Editorial Lex, 1955, p. 163.

[36] Ver: Memoria leída por su autor D. Alberto Coya, Secretario del Habana BBC, en la Junta General celebrada por dicha sociedad el día 18 de agosto de 1887, con objeto de dar cuenta de los actos llevados a cabo por la Directiva, durante el año que termina en dicha fecha. Habana, Imprenta La Habanera, 1887. p.3.

[37] Guillermo Pi: “Nemesio Guilló fue quien trajo a Cuba el primer bate y la primera pelota”, Diario de la Marina, La Habana, 6 de enero de 1924, Sección de Sports, p. 1.

[38] Ibidem.

[39] Enrique Morejón: “El Habana B. B. C.”,  El Fígaro, La Habana, no. 46, 9 de diciembre de 1900, pp. 558-59.

[40] Guillermo Pi: “Nemesio Guilló…”, Diario de la Marina…op. cit.

[41] Ibidem

[42] Ibidem

[43] Un buen ejemplo de este recelo lo ofrece Gálvez refiriéndose a un suceso ocurrido en Cárdenas, donde: “Un agente de la autoridad creyendo haber descubierto una conspiración, sorprendió un plano del terreno que tenían los organizadores, pretendiendo que dicho plano pertenecía ala estrategia militar separatista. Afortunadamente un superior había visitado los Estados Unidos y disipó el error del personaje”. Wenceslao Gálvez y Delmonte, op. cit., p. 88.

[44] Esta es otra tradición muy extendida entre los estudiosos del béisbol cubano. Uno de sus difusores, el cronista deportivo Elio Menéndez, ha hecho referencia en varias ocasiones a un decreto del Gobierno español, del 1 de octubre de 1868, según el cual se suprimieron las prácticas beisboleras en la Isla, al considerarlo: “un juego de tendencias insurreccionales, contrario al idioma y que propicia el desamor a España”. Elio Menéndez: “Más de un siglo de béisbol cubano”, http://www.nnc.cubaweb.cu/deportes. Sin embargo, este autor no ofrece información alguna sobre donde localizar un documento tan importante.

[45] El álbum. Semanario ilustrado. Matanzas, junio 19 de 1887, año 1, no. 2, p. 11.

 

 

Agradezco a Félix Julio Alfonso su gentil autorización para publicar en nuestro sitio este ensayo que es parte de su libro La Esfera y el Tiempo donde reúne una colección de 17 ensayos de su autoría sobre distintos aspectos históricos y culturales del beisbol cubano. Esta obra fue publicado en 2007 bajo el sello de Editorial Unicornio en La Habana, Cuba.

 

 

 

 

 

Félix Julio Alfonso López nació en Santa Clara, Cuba, en 1972.  Es Licenciado en  Historia y Master en Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina, el Caribe y Cuba. Investigador, ensayista y profesor universitario. Fruto de sus investigaciones sobre historia de Cuba e historia cultural del béisbol ha publicado: Béisbol y estilo. Las narrativas del béisbol en la cultura cubana (2004), La letra en el diamante (2005), Siete ensayos sobre historia y  cultura en Cuba (2005) y La esfera y el tiempo (2007).

 

 

 

Contacto: César González Gómez

gutogonz@gmail.com